2. Formación y competencias interseccionales
Una ética interseccional exige un compromiso constante con la formación y la revisión crítica de las propias competencias. Supone reconocer que nuestras formas de intervenir están atravesadas por múltiples ejes de poder y desigualdad como el género, la raza, la clase, la sexualidad, la corporalidad o la edad, y que solo desde una comprensión situada de estas intersecciones es posible actuar de manera justa y transformadora. Incorporar herramientas conceptuales y prácticas que den cuenta de esta complejidad permite enriquecer la intervención, haciéndola más sensible a las experiencias diversas y a las estructuras que las condicionan.
